
Para hablar de ‘El Bronx’ de Bogotá es necesario no sólo indagar sobre las historias que se tejen a su alrededor o conocer algunas de las estadísticas sobre habitantes e índices de inseguridad, también se requiere recorrerlo y observar detalladamente a quienes llegaron a vivir allí por diferentes circunstancias.
Aunque casi todos son ‘ñeros’, así llamados por los ciudadanos que de lejos miran el sector y caminan rápido al pasar cerca, algunos simplemente están allí para trabajar. Obviamente son unos pocos, pero ellos también están ahí a diario y, ya sea porque lo decidieron o porque les tocó y se acostumbraron, ahora hacen parte del trajín diario de la zona más deteriorada de la ciudad permitida por las autoridades.
Esta zona, que hoy agrupa a muchos de los habitantes de la calle que convivían en el extinto ‘Cartucho’, existe hace cerca de 25 años y siempre ha representado un problema de seguridad para quienes están a su alrededor (comerciantes formales e informales y residentes de la zona céntrica de la capital).
‘El Bronx’ está ubicado entre las calles Novena y Décima y las carreras 15 y 16, abarca cuatro cuadras o manzanas y concentra en sus calles a cerca de 2000 personas según datos de la Policía.
Sin embargo, esta cifra difiere de la que maneja el Departamento Administrativo del Bienestar Social, DABS, organismo que realizó el censo en la zona y da cuenta de 2600 personas del total de 7000 mil habitantes de la calle que hay en toda la ciudad.
De esos 2600 habitantes, el 50.16% está entre los 22 y 39 años de edad, el 31.54% tiene más de 40 años y el 18.3% restante está conformado por jóvenes de 0 a 21 años.
‘El Bronx’ permanece custodiado por la Policía, siempre hay una tanqueta y existen barandas que delimitan el área, más para impedir que alguien ajeno entre que para frenar la salida de sus habitantes, muchos de los cuales se dedican en el día a reciclar, mendigar y robar, principalmente, para así tener dinero o cosas para intercambiar por una ‘bicha’ de bazuco o un ‘moño’ de marihuana.
Dentro de ese perímetro en el cual se unen el vicio y la pobreza material, hay personas que alguna vez lo tuvieron todo, gente que estudió, vivió en un hogar bien conformado, tenía un trabajo y finalmente cayó en el vicio.
También están los que nunca tuvieron nada y hay quienes incluso fueron concebidos allí y a duras penas crecen entre el bazuco, la marihuana, la basura y la suciedad que se ve en sus calles.
A ‘El Bronx’ también llegan consumidores habituales que, aunque duermen en otro lado, pasan la mayor parte del día o de la noche ahí para tener su droga y ‘elevarse’ hasta llegar a su mundo, el que les hace olvidar todo.
Están también los agresivos a quienes no se les puede hablar y muchos menos mirar, hay otros más pasivos que incluso saludan y se admiran ante la presencia de un extraño, no falta el que empuña su mano para saludar con un simple golpe y el típico ‘parce’.
Hay niños, adultos, jóvenes y viejos, todos se mueven entre construcciones tal vez clásicas o mejor tradicionales de esa área céntrica de Bogotá.
Algunos pueden pagar los 1000, 2000 y 3000 mil pesos que cuesta una habitación, dependiendo de si tiene cama o no.
Otros tienen su ‘cambuche’ en los andenes y están quienes simplemente duermen sobre las aceras y se protegen del frío con cobijas que han logrado conseguir reciclando, que les robaron a otros de la misma zona o a quienes ya se fueron de allí para siempre, no precisamente rehabilitados.

Aunque el 95% de la población que habita o se mueve en ‘El Bronx’ se caracteriza por el consumo de drogas psicoactivas, el 5% restante está compuesto por consumidores esporádicos y comerciantes.
Así es, aunque cueste creerlo el comercio ‘legal’ también se mueve en esta pequeña ciudad al interior de Bogotá.
Recorriendo las escasas calles de este sector que congrega a 2600 personas, también se encuentran algunas tiendas en las que venden comida, licor y cigarrillos, entre otros productos; también hay sitios para jugar maquinitas y apostar a sacar el premio mayor halando una palanca.
Afuera, en los andenes y como en cualquier ‘mercado persa’ o como en el San Victorino de hace pocos años, también hay productos ofertados.
Parlantes para el computador, reatas, cargadores para el celular, celulares, el control remoto para el televisor o el equipo de sonido, maquillaje, juguetes varios, herramientas y los típicos CD quemados, también pueden ser adquirirlos en la zona a bajo costo pero tal vez con bastante riesgo si es
que el comprador logra pasar la baranda e ingresar.Muchos de estos zapatos fueron robados a transeúntes normales en cualquier calle de la ciudad, otros fueron hurtados de algunos locales de San Andresito e incluso de San Victorino y otros más les fueron quitados a ‘ñeros’ que un día amanecieron muertos en cualquier calle capitalina o que cayeron en ‘El Bronx’ y como dicen allá: “mejor que los use un vivo”.
Droga: Venta y consumo

Las drogas definitivamente son el punto de encuentro de quienes están en ‘El Bronx’.
En esta zona se consigue de todo, desde la ‘bicha’ de bazuco por mil pesos hasta la cocaína de alta calidad que alcanza precios elevados.
Los ‘jíbaros’ tienen el poder aquí y este se mide en cantidad de ventas, dinero recogido por las mismas y, por supuesto, territorio.
Los registros de las autoridades policiales de las estaciones Santa Fe y Mártires dan cuenta de la presencia de por lo menos tres ‘jíbaros’ poderosos en la zona.
Cada uno de ellos tiene dominio en por lo menos una esquina de ‘El Bronx’ y bajo su mando están otros pequeños distribuidores de los cuales las autoridades desconocen su número. Solo se sabe que algunos de estos pequeños distribuidores tienen otros vendedores a su cargo que deben rendir cuentas diariamente y entregar el dinero o el producto sobrante.
En toda la zona, según la Policía, ya hay por lo menos 23 expendios reconocidos sobre los cuales se han hecho operativos y ya se han iniciado 11 procesos de extinción de dominio.
Sin embargo, el problema sigue y los ‘jíbaros’ continúan ganando dinero.
Las cifras indican que mensualmente alrededor de 500 millones de pesos se mueven en la zona producto del comercio de drogas psicoactivas. Pero esta suma, aunque elevada, es apenas un estimativo pues la cifra real se desconoce.
Lo que sí se sabe y se puede ver día y noche, es a la gente consumiendo bazuco, fumándose un ‘porro’ o ‘cacho’ de marihuana, metiendo coca, inyectándose y chupando boxer.
Siempre, porque la zona no duerme, hay consumidores, unos más trabados que otros, pero todos drogados porque a eso llegaron por diferentes causas (maltrato, abandono, soledad, desplazamiento, miseria o simplemente vicio).
Guerra territorial y muerte

Los registros de las autoridades policiales indican que son por lo menos tres los ‘jíbaros’ más reconocidos de la zona aunque hasta el año pasado eran cuatro.
Este cuarto hombre conocido con el alias de ‘Homero’ fue asesinado a comienzos de este año en una guerra territorial por la venta de drogas. La lucha era por una esquina estratégica y por el control de quienes estaban bajo el mando de este gran expendedor.
‘Homero’ murió en desarrollo de esta guerra y su cuerpo fue dejado a la vista de todos para que quedara claro que el que no respeta los límites o trata de ganar terreno por debajo de cuerda “la lleva”, como dicen popularmente..
Pero esta guerra no solo se produce entre ‘jíbaros’ grandes, también se aplica entre el mismo grupo ya que si alguno de los vendedores pequeños se descuadra y entrega aunque sea mil pesos menos o una ‘bicha’ menos también “la lleva”, tal como le pasó a tres hombres entre febrero y marzo de este año, por la misma época en que fue muerto ‘Homero’.
Sobre esta situación, Eduardo Betancourt, ex ‘cartuchero’ y hoy director de la Fundación Rompiendo Cadenas que trabaja por la rehabilitación de los consumidores y habitantes de la calle, indica que estos hechos de sangre son más comunes de lo que las autoridades revelan.
Betancourt, que diariamente se relaciona con otros ex ‘cartucheros’ y conoce a muchos de los habitantes de ‘El Bronx’, asegura que algunas de las propiedades del sector de San Bernardo, entre las calles Primera y Sexta y las avenidas Décima y Caracas, fueron adquiridas por los ‘jíbaros’ con el producto de la venta de las drogas y son utilizadas para seguir distribuyendo las sustancias a pocas cuadras de esta deprimida zona y llamar menos la atención de las autoridades.
Este ex ‘cartuchero’ a quien los consumidores en rehabilitación llaman ‘Pastor’, cuenta que la situación de muerte del ‘Cartucho’ se repite en ‘El Bronx’.
Según Betancourt no es un mito, aquí también se mata y luego los cuerpos son abandonados en alguna calle de la ciudad o en un contenedor de basura tras ser sacados de la zona en carretas de reciclaje, o son metidos a la fuerza pero con gran agilidad entre los muros que separan una construcción de otra.
Se mata a bala y a puñal y se hace de noche.
Para que los disparos no suenen, luego de haber ‘molido’ a golpes a la víctima se le envuelve en un tapete grueso, el arma se pega al tapete y es disparada en repetidas oportunidades para asegurarse así de haber cometido el crimen.
De estos casos Medicina Legal apenas tiene una cifra de 12 habitantes de la calle muertos violentamente durante el año pasado; sin embargo, Betancourt afirma que la cifra incluso puede llegar a los cuatro mensuales.
La insegurid
adA todo lo anterior se suma la inseguridad en la zona, producto de la situación que se presenta al interior de ‘El Bronx’.
Entre los delitos más comunes, según las cifras de la Policía, están las lesiones personales entre los mismos habitantes del sector, el hurto a transeúntes que en gran parte no es denunciado, el hurto a establecimientos comerciales y los robos a los vehículos sobre la avenida Caracas, especialmente.
Las autoridades policiales aseguran que los operativos dispuestos en la zona, el apoyo con las compañías de vigilancia y la reacción de los comerciantes de San Andresito y San Victorino han servido para contrarrestar el hurto; sin embargo, los casos siguen presentándose a diario aunque muchos de ellos no se denuncien por tratarse de atracos callejeros o raponazos.
Las conducciones o retenciones transitorias son tal vez el mecanismo más utilizado por las autoridades para tratar de contrarrestar la inseguridad.
Más de 150 personas son retenidas diariamente y conducidas hasta las instalaciones de la Unidad de Policía Judicial, UPJ. Casi todas las capturas son por porte de armas blancas y un bajo porcentaje por porte de armas de fuego.
Estos mismos capturados casi siempre tienen sus dosis personales de droga o incluso más.
Sin embargo, la retención es transitoria y no se puede dejar a nadie más de 24 horas o máximo 48. Luego salen y el ciclo se repite.
El problema parece no tener solución.


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